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Un mal cliente

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Hoy en día todos los negocios sólo se preocupan de ofrecer un buen servicio y contentar a sus clientes

Esta visión es realmente rentable pero, ¿por qué nadie se plantea ser un buen cliente? Yo creo que ya es hora que los alojamientos puedan elegirlos, quedarse con las personas que hacen el día a día más fácil y, a cambio, ofrecerles valores añadidos que les haga sentirse especiales

Nice Clients defiende la idea de que los buenos clientes deberían ser premiados y reconocidos. Pero, ¿cómo conseguirlo? O, mejor, dicho, ¿cómo no convertirse en un huésped odioso?

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Para empezar, lo que más molesta a los hoteleros y resto de huéspedes, son los clientes que no atienden a sus hijos. Es muy incómodo toparse con niños corriendo alocadamente y gritando o llorando en zonas comunes como la piscina, restaurante o recepción

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Casi al mismo nivel, estarían los adultos bulliciosos que se emocionan en los largos pasillos haciendo notar su presencia al resto de los clientes ya alojados

Y luego ya estarían los que miran todo al mínimo detalle y se quejan de una manera muy irritable. Y, casi por igual, son los que deciden hacer grandes fiestas en la habitación

Ya en menor medida, existen los clientes que buscan hacer denuncias para sacar un beneficio económico. También están los divertidos que hacen fiestas en la piscina, como si ésta fuera privada y exclusiva para ellos. Y, por otro lado, los amantes que desean explayar su deseo a los cuatro vientos y, también los que muestran su pasión efusivamente en el jacuzzi a la vista del resto de los clientes

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Hay un porcentaje pequeño del sector de negocios que se embriagan en el bar o los que te hacen una emboscada en el ascensor para darte conversación

Si quieres ganarte a los profesionales, simplemente tienes que sonreír y tratarles con amabilidad, es todo. Y si ya lo quieres bordar, es muy acertado, por muy humilde que sea, una propina en agradecimiento a su trabajo. Y no me refiero a ofrecer dinero para conseguir una habitación superior, sino, darla sin más, sin esperar nada a cambio

Hay clientes que piden extras del baño para metérselos en la maleta, junto con alguna toalla o algún otro objeto que vean en la habitación o instalaciones y les apetezca mucho tenerlo en su casa

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También tenemos a los huéspedes que hacen una reserva para una persona y luego invitan a sus amigos a que pasen con ellos la noche gratuitamente. O los madrugadores que corren a la piscina y colocan sus toallas estratégicamente para asegurarse unas buenas vistas y cercanía a la piscina. Y que se pueden echar la siesta dejando dichos objetos todo el día en la tumbona.

Por otro lado, aunque este número de personas ha descendido, están los clientes que fuman en zonas prohibidas, ¿les dará morbo saltarse las normas?

Y, por último, y más desagradable, encontramos a un 2% de clientes que se alojan con la intención de espiar a sus vecinos de habitación. Esperemos que no os haya pasado nunca.

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Hay clientes despistados que llaman para reclamar cosas olvidadas. Pero eso no es un problema, el asunto se complica cuando lo que guardan son alimentos encima de los altillos y ni lo recuerdan. Pero se acaban encontrando días después cuando empieza a oler a podrido

Por otro lado, deberíamos creer cuando un hotel informa que no tiene disponibilidad, dicen la verdad. No hace falta insistir, si tuvieran, créeme que la venderían.

Creo que sería un estudio muy interesante si grabáramos a los clientes cómo actúan ante un buffet libre. Luego les podríamos dar gratuitamente dicha grabación para que la vean y así que cada uno saque sus propias conclusiones. Observar a los clientes en esa situación nos hace ver claramente los diferentes tipos de persona que existen. Es curioso la capacidad de comer de algunas personas, cómo pueden repetir tantas veces y tener la sensación que nunca tendrán suficiente. Por otro lado, están los que les encanta mezclar un poco de todo hasta que no tienen más espacio en el plato pero luego, tristemente, deciden no comérselo y van a por más. Pero los mejores son los que miran a todos los lados y se llenan sus bolsos y bolsillos con diferentes alimentos, normalmente, en los desayunos, los triunfadores con los tarros de mermelada y miel y algún que otro bollito de pan para hacerse luego bocadillos. Los más originales, también se llevan los saleros.

Siempre he pensado que si las camareras de piso hablaran, muchos clientes estarían seriamente comprometidos. Hay personas que se olvidan del medio ambiente. Son los que se duchan y tiran, de una manera incomprensible, toda el agua fuera creando una piscina adicional. También están los que usan 3 y hasta 4 toallas en una sola ducha, las tiran al suelo y luego se quejan indignados de que no tienen toallas limpias.

También tenemos los clientes bromistas que piden que despierten a sus vecinos a horas muy tempranas, u ordenan en su nombre servicios de habitaciones con comidas abundantes que luego nadie quiere pagar. Están los que juran no haber tocado el minibar y luego vemos las botellitas rellenas cariñosamente con agua del grifo, o el que ve películas para adultos y juran que no es verdad hasta que le nombras en voz alta el título, hora y minutos de duración que ha utilizado.

Es curioso también cómo te pueden arruinar una estancia si te toca un vecino sordo, los que ponen el volumen de la televisión o de la radio a tope o hablan por teléfono gritando.

Los aprovechados tienen un punto de divertido. Son los que llaman a servicios de restauración externos para que se lo lleven al hotel y piden a los camareros las servilletas y cubiertos, incluso vasos y hielo. Pero lo mejor de todo es cuando terminan y dejan la pizza seca en el pasillo.

Pero el que ya remata la faena es el seductor o seductora. Sí, aquel perfil de cliente que utiliza sus mejores artes de seducción para engatusar a los trabajadores. Se lleva la palma el que te espera con un albornoz, sinuosa toalla o ropa interior reclamando que necesita ayuda en la habitación como una avería o no sabe cómo funciona la calefacción, el aire acondicionado o incluso la ducha.

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Por lo tanto, si quieres ser un buen cliente, te recomiendo que no robes, esa toalla o ese cenicero no es tuyo. Si tomas algo del minibar o si usas el aparcamiento, págalo, te sentirás mejor. Si tienes hambre, puedes disfrutar del restaurante pero sin colarte, sin inventarte el número de habitación y comiéndote lo que te pongas en el plato.

Como anécdotas, resaltaremos a los claustrofóbicos que exigen cambiarles si les toca una habitación interior, pero que luego suben con 10 personas en un ascensor con capacidad máxima de 8. Los que anuncian que tienen una reserva pero no dan su nombre ni localizador. Y también los padres que no son conscientes de que sus hijos han crecido, sí, son los que te piden un buen precio puesto que van con su niño y luego se presenta con un adolescente de 1.80m.

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Por último me gustaría revelar un secreto y es que el recepcionista no es un guía, ni un gps, ni tampoco un meteorólogo. Ellos no se saben de memoria los horarios ni precios de museos o acontecimientos ni las coordenadas de cualquier sitio. Y, lamentablemente, tampoco tienen el don de predecir el tiempo que va a hacer.

2 Comentarios

  1. Muy bueno. Ameno, divertido y real

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