Una sociedad dañina

Vivimos en una sociedad que, desde mi punto de vista, está totalmente equivocada. Nos fijamos en el estatus social para diferenciar la gente que cuenta de la que no. ¿Cuántas veces pasamos por delante de indigentes y ni siquiera les miramos a la cara? Parece ser que tanto tienes, tanto vales, y nos olvidamos de los valores y las almas de las personas.

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El dinero no aporta la felicidad

Es curioso que algunas personas sigan pensando que el dinero compra la felicidad cuando las investigaciones muestran que los países más ricos, como Estados Unidos, no reportan altos niveles de felicidad que se correspondan con el crecimiento del PIB.

Para mí, viajar rompe todas estas creencias. Cuando visitamos un lugar, ya no importa cuánto dinero tengas ni qué puesto ocupas en el organigrama de tu empresa, es como si todos, por primera vez, viajáramos desnudos, en igual de condiciones.

Los bienes materiales son efímeros

Las personas que siguen creyendo que el dinero aporta la felicidad, deberían observar cómo se sienten cuando se compran algo material. ¿Cuánto tiempo te dura la emoción de comprarte un coche? El periodo de tiempo puede ser corto o largo, no importa, porque es seguro que es efímero. El motivo es que la sociedad consumista implica que nos cansemos de lo que tenemos, que deseemos desprendernos de lo comprado una vez hayan sacado un modelo mejor, más rápido o más de moda. Sin embargo, no recuerdo ningún viaje en mi vida del que me haya arrepentido, del que no vaya a conservar un recuerdo, de manera eterna, para siempre.

Los diferentes momentos de un viaje

Para mí la felicidad cuando viajo inicia en el preciso momento en que programo el mensaje de ausencia. ¿Cómo algo tan sencillo me puede proporcionar tanto placer? También me encanta hacer la maleta y prepararme el viaje: leyendo, explorando, buscando información del destino para aprovechar al máximo esa oportunidad de conocerlo. Después, llegan las mariposas en el estómago, esos nervios de cuando te diriges al aeropuerto y ya te subes en el avión. En realidad el medio de transporte no importa, como si vas a pie a tu nuevo destino (puede ser un lugar nuevo y cercano a tu propia casa). Y, para finalizar, esa sensación de descanso cuando abres la puerta de tu habitación, del alojamiento que hayas reservado, y poder tirarte en plancha a la cama, ver los detalles que te han puesto y en 5 minutos hacer lo justo para sentirte como en casa, pegar un portazo y empezar a explorar el paisaje.

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Viajar nos hace ser mejores personas

Estoy segura que cada viaje que realizamos, nos hace crecer como personas. No somos conscientes de todo lo que nos puede aportar, las experiencias que vivimos y que nos hacen madurar, conocer nuevas culturas, conversaciones únicas con otras personas, a ser más tolerantes, a abrir nuestra mente.

“Viajar te abre la mente y el espíritu, es educativo, te pone en contacto con nuevas personas e ideas”, asegura A.C. Grayling, autor del libro ‘Thinking of Answers: Questions in the Philosophy of Everyday Life’, según recoge CNN.

Viajar nos ayuda a darnos cuenta de lo pequeñitos que somos y de todo lo que nos queda por ver. Sólo conocemos una gota de agua del inmenso océano que nos queda por descubrir.

“Viajar te hace modesto, porque te hace ver el pequeño lugar que ocupas en el mundo”, reza la cita de Gustave Flaubert.

Tal y como afirma el psicólogo Thomas Gilovich en su estudio http://www.psych.cornell.edu/2016/08/16/prof-thomas-gilovich-want-happiness-buy-experiences-not-things-says-a-cornell-psychologist/ “somos la suma total de nuestras experiencias” y “nuestras mayores inversiones deberían dedicarse a crear recuerdos en base a experiencias y vivencias personales”.

Las lecciones que aprendes viajando

¿Cómo personas que van descalzas, apenas tienen ropa que usar, que siempre comen las mismas comidas básicas, son mucho más felices que nosotros? Porque tienen paz interior, no necesitan poseer bienes materiales para demostrar su valía ni pertenecer a una jerarquía social, simplemente se relacionan de manera amable, disfrutan de los pequeños detalles y ello se refleja en su sincera y gran sonrisa.

Las enfermedades de nuestra sociedad

Muchos de nosotros vivimos atrapados en un círculo vicioso que nos obliga a trabajar para pagar las deudas correspondientes al precio que  supone vivir en esta sociedad. Esto es un ritmo de vida muy alto y peligroso, de hecho 1 de cada 4 personas sufre alguna enfermedad mental. La depresión surge de tener pensamientos repetitivos sobre nuestro pasado, con la torpeza que representa querer cambiar algo que ya no está en nuestras manos. Por otro lado, la ansiedad surge de los miedos y angustias que sentimos por preocuparnos por hechos, que no han ocurrido y que, probablemente nunca ocurrirán, de nuestro futuro. Por ello, viajar es tan sanador, te permite sentirte vivo, olvidarte de tus problemas y centrarte en el momento presente. Estoy convencida que si pudiéramos conectarnos únicamente con el momento presente, muchas de estas enfermedades no tendrían fuerza suficiente para atacar a las personas. Del pasado se tiene que aprender, del presente vivir y del futuro recordarnos que somos suficientemente capaces para encontrar soluciones según se puedan presentar nuevas dificultades. En definitiva, la mejor terapia es siempre viajar para evadirnos de la realidad, de una manera sana, sin medicamentos adictivos y aprender a relajarnos, olvidarnos de nuestros problemas y a disfrutar de la vida.

Viajar para sentirte libre y vivo

Según el psicoterapeuta César de la Hoz, viajar nos proporciona felicidad porque nos aporta la sensación de estar vivos, salir de la rutina y conocer nuevos lugares, personas, comidas, paisajes que sacian nuestra curiosidad por descubrir nuevas emociones.

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En conclusión, viajar da felicidad de una manera única, porque crea una ilusión en la planificación, en la reserva, en el viaje en sí. Viajar genera unas emociones que están ligadas a experiencias. Y es un regalo que durará eternamente, ya que cuando recuperamos ese recuerdo, recuperamos esa emoción, esa sensación de felicidad y de libertad.