Está muy de moda irse al extranjero a aprender inglés o a trabajar. Pero, ¿realmente vale la pena?

Supongo que hay personas que habrán tenido experiencias buenas y otras malas. Lo que estoy segura es que no te deja indiferente y que, en mi caso ha sido la mejor experiencia de mi vida.

Con 20 años, decidí ir con 2 compañeros de segundo curso de Turismo, Ferran y Cristina, a trabajar durante el verano del 2000 a California. Desde aquí Ferran se encargó de realizar los trámites por internet  y conseguirnos un contrato de trabajo. Nuestro destino fue Santa Clara, California, en el parque de atracciones Paramount’s Great America.

Posteriormente, el 25 de octubre de 2007 pasó a llamarse California’s Great America.

 

Los 3 amigos vivíamos en los Apartamentos Monte Verano, en San Jose, California. Era una especie de recinto con muchísimos apartamentos compartidos por estudiantes de todo el mundo. Concretamente el nuestro tenía 2 habitaciones, cada una tenía 4 literas. En una de ellas dormían 4 chicos: Gordon de Escocia, dos chicos de la República Checa y mi amigo Ferran. Y, en la otra, 4 chicas: Sabrina de Londres, Laure de Francia, mi amiga Cristina y yo.

Es gracioso recordar que dormía en una litera en una habitación con 3 chicas, un solo lavabo y al lado de un cementerio. Pero, para mí, seguía siendo la mejor experiencia de mi vida, nada de eso importaba ya que nada ni nadie podía cambiar que aquella experiencia iba a ser la mejor aventura de nuestras vidas.

Cada mañana nos recogía un autobús y los estudiantes nos dirigíamos a Santa Clara para pasar la jornada laboral en el parque de atracciones. Había muchísimas atracciones populares, pero para mí la mejor era la de Waterfall ya que era la única refrescante que me ayuda a combatir aquel sol penetrante.

Allí conocimos muchísimas personas de varios lugares del mundo, de hecho, en nuestras placas identificativas, se indicaba nuestra nacionalidad. Fue una gran experiencia gracias al enriquecimiento de la mezcla de culturas. Allí realmente se brindan oportunidades. Recuerdo la mentalidad abierta de los compañeros, el cálido recibimiento y la facilidad en adaptarnos.

Hay que destacar que teníamos un espacio para los trabajadores donde nos ofrecían comida rica y variada y, lo más importante, cookies recién hechas. Aún recuerdo su atrayente olor. Cada cookie era enorme y sólo valían, precio especial para los trabajadores, 25 céntimos de dólar. ¿Quién podía resistirse a ese regalo de la vida?

Nuestros apartamentos estaban a sólo 1 hora de San Francisco así que cada vez que teníamos días libres o en fin de semana, cogíamos el tren y visitábamos esta increíble ciudad. Os juro que nunca me hubiera cansado, aunque tuviera un clima mucho más frío e incluso tuviera que ponerme jersey de manga larga en pleno verano. Sus preciosas calles inclinadas, sus casas victorianas, su histórico tranvía, la isla de Alcatraz, la zona de China Town, la torre panorámica Coit Tower con su gigantesca estatua de Colón,  y, sobre todo, el puente mágico: el Golden Gate.

https://3c1703fe8d.site.internapcdn.net/newman/gfx/news/hires/2017/howwouldengi.jpg

Gracias a esos meses de trabajo, conseguimos ganar bastante dinero. Entonces se planteaba una incógnita: ¿qué quieres hacer: lo ahorramos o nos lo fundimos todo? Evidentemente la decisión estaba clara, así que llamé a mis padres y les comenté que cambiaba la fecha de regreso de mi vuelo. Había decidido quedarme un poquito más y conocer más lugares. Gracias a esa gran decisión, fuimos a Honolulú (Hawai), Los Ángeles concretando las diferentes playas, el paseo de las estrellas, rodeo drive, Beverly Hills; y las Vegas

http://www.bridgewebs.com/beverlyhills/headerImage_1.jpg

En conclusión, puedo afirmar que todos deberíamos vivir el privilegio de evadirnos, al menos durante unos meses, y salir de nuestra zona de confort. Adaptarnos a culturas diferentes, conocer personas interesantes y, sobre todo, descubrir nuevos destinos.